Tuesday, August 6, 2013

Aprendiendo a apreciar lo que tenemos

Esta es una historia real de un joven que llegó un día a mi vida a enseñarme a apreciar lo mucho que tengo, aún si a veces parece lo contrario porque siempre queremos algo más. Es la historia de un sordomudo llamado Daniel:

Hace 2 semanas, un joven llegó a la torteria donde trabajo con mi familia, mi mamá como a todo cliente que llega le preguntó que qué quería que le preparáramos pero el con señas nos hizo entender que era sordo y también mudo, así que le enseñamos el letrero del menú y el señaló que quería una torta de milanesa. Mientras él comía yo me tuve que ir porque tenía clases, pero al llegar a mi casa mi mamá nos contó la historia de el joven que solo podía leer y escribir para comunicarse con las personas.

Daniel ha sido sordomudo desde que tiene memoria, él supone que nació así, se casó joven y era muy feliz, pero había un problema de intereses. A ella le gustaba mucho bailar pero él se aburría sentado en los bailes y fiestas, así que un día su esposa lo dejó por otra persona que sabía bailar muy bien. Daniel se quedó sin casa y sin lugar a donde ir decidió tomar un autobús y llegó aquí. Ese día durmió en la central y al siguiente encontró un albergue para dormir la siguiente noche, pero al despertar se dió cuenta de que alguien le había robado su maleta con toda su ropa, cepillo de dientes y demás cosas. Ése fue el día que llegó a la tortería con nada más que 20 pesos para comer.

Daniel tuvo mucha suerte de llegar con mi mamá, que le ayudó junto con mi papá a encontrar otro albergue donde pudiera dormir e ir al DIF al día siguiente. Esto fue un lunes por la tarde y el martes a la misma hora Daniel regresó a decirnos que en el DIF le había conseguido un trabajo y así nos iba a poder pagar la comida del lunes y la de ese martes, pero mi mamá le contestó que eso no iba a ser necesario, que cuando tuviera dinero podía pagar lo que comiera ese día, pero las demás eran un regalo de ella.

Días después en el albergue le dijeron que ya eran muchos días y ya no lo podían aceptar, y se acostó en una banca en la calle. Casi no durmió por el frío. Le regalamos una cobija y algo de ropa, le dijimos que tuviera cuidado para que no se la robaran y por suerte él consiguió dónde dormir, su jefe dejaba que él durmiera en su camioneta en su cochera, así estaría seguro.

Hace tres días quise platicar más con él y le enseñé a jugar gato, o más bien le enseñé a ganarle a todos jugando gato porque sus compañeros de trabajo siempre le ganaban. Me dijo que él nunca había jugado gato antes, nadie le había enseñado. Después de una plática alegre, la conversación llegó a un punto serio donde él me contó que se sentía muy triste cuando se acordaba de su esposa que lo había cambiado, abandonado y olvidado. Se sentía muy mal de que lo hubieran dejado por alguien que si escucha, por alguien "normal", yo solo le contesté "no es que sea normal, solo es diferente y todos lo somos de alguna manera", es cierto que él no escucha y no habla, pero hay gente que es ciega y no puede ver a sus hijos crecer, a una mariposa volar o el sol ponerse cada noche, también hay gente que no tiene piernas y le gustaría caminar por un bosque, e incluso gente que tiene una enfermedad terminal y lo daría todo, incluso sus oídos y boca por escuchar que están sanos y poder salir del hospital.

Daniel regresa a comer todos los días y ahora paga sus tortas con una enorme sonrisa, creo que ese es el mejor pago que alguien te puede dar a cambio. Así que a la proxima que te sientas en un hoyo muy profundo porque no puedes hacer algo que quieres recuerda a Daniel, él puede ser sordomudo pero no necesita ni hablar ni oír para ser feliz, solo necesita vivir y sonreir.